Almudena Grandes: "España tiene una deuda con los antifranquistas"

DPA (Deutsche Press Agency-Agencia de Prensa Alemana)

Madrid. - Dice Almudena Grandes que la vida le ha puesto en su sitio, pues si no hubiera estudiado historia jamás habría podido escribir una novela como "Los pacientes del doctor García" (Tusquets). Y es que la cuarta entrega de sus "Episodios de una guerra interminable", que acaba de llegar a las librerías españolas, es probablemente la más ambiciosa de su carrera.

Como en las anteriores entregas de la saga, la escritora vuelve a entrelazar hechos históricos y ficción en una complicada trama internacional con su Madrid natal y Buenos Aires como principales escenarios. Y lo hace rescatando a ritmo de thriller un capítulo apenas conocido de la historia española reciente: la colaboración del régimen franquista en la fuga de criminales nazis a Argentina.
En entrevista con dpa y un reducido grupo de medios, Grandes reivindica a la olvidada burguesía republicana, defiende la importancia de la memoria histórica y revela algunos de sus planes para el futuro.
- La novela gira en torno a una red clandestina dirigida por Clara Stauffer que permitió la fuga de criminales nazis ¿Cómo dio con ella?
Grandes: Me tropecé con ella en un libro, como casi todo lo importante que me ha pasado en la vida. Con su nombre y con la dirección en la que vivía: para mí fue determinante saber que había una red que operaba desde Galileo 14 (Madrid), ¡cuántas veces en mi vida habré pasado por esa calle! Investigué un poco, llegué a sus hazañas deportivas y el personaje me secuestró. Clara ha sido el verdadero motor de la novela, me parecía irresistible.
- Y desde Madrid llegó a salvar a 800 nazis...
Grandes: No se sabe exactamente. El dato de los 800 proviene de una entrevista que le hizo un periodista británico y reconocía que en el año 48 la organización se ocupaba de 800 personas, así que seguramente fueron más. Clara fue la única mujer que reclamaron los aliados en la lista de los 104, a finales del 47, que era como de mínimos. Como curiosidad: España no entregó a ninguno de esa lista y los aliados siguieron adelante con sus relaciones con la dictadura de Franco.
- Llama la atención el desparpajo con el que se movía esta red.
Grandes: Llama la atención porque todos tenemos las películas de Hollywood y las novelas anglosajonas en la cabeza, pero ellos aquí estaban en casa, absolutamente protegidos por el aparato del Estado. Comprendo que al lector le sorprenda, pero nunca les pillaron porque no les podían pillar.
- Y siguiendo con los nazis, la novela también habla de la colaboración de españoles en los campos de exterminio.
Grandes: Eso es una apuesta. Seguí la pista de los que se quedaron luchando en la Segunda Guerra Mundial después de que se repatriara la División Azul (voluntarios españoles que lucharon contra la URSS). Investigué su destino y descubrí que en gran medida fueron a parar a unidades de voluntarios belgas. Y en el 44, los belgas estaban en el frente de Estonia.
Así descubrí el campo de Klooga, unas imágenes que no me pude quitar de la cabeza. Allí mataron a 2.400 personas en cuatro días y consiguieron hacer desaparecer gran parte de los cadáveres. Hay documentación de que esa matanza sólo se pudo hacer con ayuda del ejército alemán, y aposté a que mi personaje, que está luchando en ese frente con los voluntarios belgas de las SS, interviene. Fabriqué un criminal de guerra, y ha sido muy difícil.
- En esta entrega de los "Episodios..." los protagonistas ya no son campesinos analfabetos ni madrileños en la miseria, sino que reivindica a una clase olvidada en el relato de la posguerra: la burquesía republicana.
- Grandes: Yo creo que no ha sido olvidada, sino exterminada: se ha hecho desaparecer del relato de la guerra y la posguerra. En España opera una corrección política tácita que establece que los republicanos sólo son víctimas o asesinos, e incluso éstos suelen ser gente inculta y manipulada. Eso es muy curioso, porque es verdad que en la España de los años 30 había mucho más analfabetismo que ahora, pero también un campesino de aquella época tenía mucha más conciencia política que un abogado de hoy.
Es tremendamente injusto que hayan desaparecido del relato, porque sin los catedráticos, jueces, profesores, nunca habría habido Constitución del 31 ni Segunda República. Lo que ocurre es que la burguesía republicana entra mal en el relato de que la República fue la culpable de la guerra y de que los republicanos eran todos unos radicales, bienintencionados o no, que hicieron inviable otra solución que no fuera un Golpe de Estado. Esa es la gran falacia.
- De hecho, la novela habla precisamente de la lucha diplomática
Grandes: Que fue la última. Hay una idea muy errónea también de que los españoles se resignaron y que se fueron al exilio a hacer sus cosas. Pero hubo personas como (el diplomático) Pablo de Azcárate que se vaciaron literalmente intentando conseguir resoluciones de la ONU y que fueron en gran medida los autores del aislamiento diplomático del franquismo.
- ¿Cómo abordó esa mezcla de hechos y personajes históricos con la ficción literaria?
Grandes: Hay que llegar a un compromiso entre libertad y lealtad: si un escritor no se siente libre para crear hará un mal libro, pero cuando debes tanto a la realidad debes ser leal. Leal, no fiel. Esta novela da un paso adelante, aunque desde que en "Inés y la alegría" puse a Pasonaria como personaje de ficción estaba curada de espanto. Aquí (Juan) Negrín y Azcárate se comportan en determinados momentos como personajes de ficción, yo me apropio de ellos y lo único que he procurado es crear coyunturas verosímiles. Eso lo puedo hacer con personajes de los que sé mucho, a los que he estudiado mucho y con los que tengo "mucha confianza".
- Aunque la novela se desarrolla en varios escenarios, hay dos clave: Madrid y Buenos Aires.
- Grandes: Dentro de lo mal que terminaron las historias de los republicanos españoles, una de las que terminó peor fue la de quienes cruzaron el Atlántico con las manos vacías, fueron capaces de crearse una vida y prosperar y en el momento en el que se iban a jubilar tuvieron que abandonar ese hogar para volver como extranjeros y sin nada a su país de origen.
- En esta saga no abundan los finales felices...
Grandes: Esta novela es una crónica del fracaso. Cuando empecé a escribir la serie me di cuenta de que el único final feliz que les podía dar a mis personajes era en la vida privada. Pero aquí se multiplican los frentes enemigos: el franquismo, los nazis y los aliados, que al final son los malos verdaderos del libro. En la lógica de la Guerra Fría, Franco era preferible a los demócratas españoles. A Churchill siempre le gustó más y todos sus aliados se sumaron a esa visión.
- Argentina acaba de acordar con Israel la entrega de documentos secretos sobre el nazismo en el país. Sin embargo, en España esta connivencia del franquismo apenas está estudiada...
Grandes: Espero que les entreguen copias, porque eso también es historia argentina. Cuando escribí esta novela una de las cosas más difíciles es que la red de Clara Stauffer era clandestina al 100 por 100, el franquismo jamás reconoció su connivencia y Stauffer jamás publicó nada salvo aquella entrevista. Pero en Argentina había un montón de archivos, y sobre todo Uki Goñi que escribió dos libros sin los cuales yo no podría haber hecho nada. Esos archivos existen y están abiertos.
Creo que una de las anomalías democráticas de este país es que los archivos no sean de libre disposición, que los historiadores españoles tengan que hacer el pino para que les concedan un acceso a un archivo público. Habrá muchas cosas que se habrán perdido, pero la batalla de la memoria se va a ganar por una ley, que no es la ley de la memoria histórica, sino la ley de la gravedad. Creo que las manzanas se caen de los árboles, y llegará un momento en que una generación de españoles nacidos en la democracia no comprendan qué pasa y se abrirán los archivos.
- España no acaba de mirar de frente al pasado...
Grandes: España tiene una relación indigna con su pasado. Es el único país de Europa occidental que no tiene una política pública de memoria y la única democracia que no arrancó su andadura con una denuncia de la dictadura anterior. La única que no se ha fundado sobre una tradición política de quienes lucharon contra la dictadura: fue un gesto de autocomplacencia histórico que no reconoció padre ni madre más allá de la soberbia de sus fundadores. Eso ha generado un montón de distorsiones y buena parte de la crisis que vive ahora este país tiene que ver con eso. La historia la escriben los vencedores, pero su versión no tiene por qué durar siempre.
- Con todas las historias que le habrán ido surgiendo durante la documentación, ¿se plantea ampliar la saga?
Grandes: Esta serie son seis, lo dije desde el principio. Lo que no sé es si luego haré otra serie. En principio no, voy a hacer un libro que ya sé cuál es. Cuando salió "Inés y la alegría", en contra del criterio de la editorial, yo quería poner el plan de la obra. Para mí, la obra son los seis y ya tenía decididos cuáles eran. Tengo que acabarlos y luego ya veremos.
Cuando me enganché a la historia de España tenía un cuaderno en el que apuntaba un montón de historias que me prometían novelas sobre la posguerra. Tengo historias clavadas como la muerte de Ramón Franco o la fuga del Penal de San Cristóbal que no he podido meter en una novela; podría haber seguido escribiendo historias de la guerrilla toda mi vida. Este país tiene una deuda enorme con los antifranquistas porque nadie les ha dado las gracias.
ALMUDENA GRANDES (Madrid, 1960) es una de las escritoras españolas más leídas desde que en 1989 debutara con "Las edades de Lulú". Muchas de sus novelas, como "Atlas de geografía humana" o "Castillos de cartón", han sido llevadas al cine o al teatro. Con "Inés y la alegría" (Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska) inauguró en 2010 sus "Episodios de una guerra interminable".


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