En el Congo, la nostalgia de las lenguas perdidas

AFP (Agencia France-Presse)

Kinshasa, República Democrática del Congo. - "En 62 años de vida en Kinshasa, a falta de interlocutores, dejé de hablar mi lengua materna, el kilokele. Mis nueve hijos ya no la hablan", lamenta Charles Tongohala, temiendo que con su generación desaparezca este idioma de la República Democrática del Congo (RDC).

Jubilado de la empresa estatal de transporte fluvial, Tongohala relata haber dejado su pueblo natal del noreste de la RDC, donde todos hablaban la lengua de los lokele, pueblo de pescadores.
Otro habitante de la capital congoleña, megalópolis de 10 millones de habitantes en constante expansión, Daniel Mukebayi, exempleado público jubilado, dice haber educado junto a su esposa a sus diez hijos en tshiluba, la lengua de los luba, hablada en el centro del país, principalmente en la región de Kasai. 
En 1974, recuerda este sexagenario, su hijo Michel "hablaba perfectamente tshiluba cuando tenía apenas 4 años". "Sin embargo, desde que se casó y fundó su propia familia, ya no habla su lengua materna y sus hijos solo conocen el francés y el lingala", deplora.
Los casos de las familias Tongohala y Mukebayi están muy lejos de ser aislados en la RDC, un país del tamaño de un continente en el corazón de África donde hay 450 lenguas vivas, en su mayoría orales, es decir 9% de las cerca de 5.000 utilizadas en el planeta.
Al acceder a la independencia, en 1960, el antiguo Congo Belga optó por el francés como lengua oficial, aunque muchos de sus más de 71 millones de habitantes actuales no lo hablan.
En una época en que estaba de moda "apelar a la autenticidad", las autoridades promovieron cuatro lenguas denominadas "nacionales" que se enseñaron en primaria: lingala (la lengua de las fuerzas armadas, hablada en Kinshasa y en el noroeste), kikongo (oeste), tshiluba (centro) y swahili (este).
 

- Presión política - 

 
Esas lenguas también son practicadas en los tribunales, según las regiones, y cohabitan con el francés en los medios, pero actualmente el lingala y el swahili, también habladas en países vecinos, predominan sobre las otras dos.
En un libro publicado en 2000 que ya advertía sobre "la muerte de las lenguas", el lingüista francés Claude Hagège destacaba "la presión política" ejercida en África por las lenguas regionales sobre las "lenguas pequeñas".
"La promoción de una lengua africana es utilizada por el poder como un acto de reafirmación nacional y pone en peligro a los idiomas minoritarios que no son capaces de rivalizar con una que recibe el apoyo de los programas escolares y de los medios", escribía.
En la familia Mukebayi, la esposa de Michel, Cocotte Kolo --una luba igual que él-- "lamenta no hablar el tshiluba y por lo tanto no poder transmitírselo a sus hijos. Ella habla swahili, kinyarwanda (lengua hablada en Ruanda y en el este del Congo), el lingala y el francés". Esa es la paradoja congoleña: un país donde la multiplicidad de lenguas es una realidad cotidiana pero donde se puede ignorar u olvidar su propia lengua materna.
"A veces me da vergüenza, a veces siento miedo --dice-- porque he perdido mis referentes".
 

- Vergüenza y esnobismo -

 
Por el contrario, en ciertos círculos exclusivos de Kinshasa, existe cierto esnobismo de enseñar sólo el francés a sus hijos, y eventualmente el inglés.
La desaparición de ciertas lenguas "es un fenómeno normal vinculado al éxodo rural y sobre todo al (escaso) peso demográfico, económico y cultural" de quienes las hablan, estima el profesor Kadima Nzuji, lingüista de la Universidad Marien Ngouabi, de Brazzaville.
Según él, el kinande y el kitetela, dos lenguas de comunidades relativamente reducidas, tienen posibilidades de sobrevivir gracias al dinamismo comercial de sus miembros.
"Los viejos hablan las lenguas locales por una cuestión de supervivencia", señala Kambayi Bwatshia, profesor de historia de las mentalidades en la Universidad pedagógica nacional (UPN) de Kinshasa, pero "los jóvenes (...) especialmente en los grandes centros urbanos, se adaptan al medio".
Ambos universitarios aplauden el trabajo de hormiga realizado por misioneros cristianos que estudiaron en profundidad muchas lenguas habladas en el Congo a partir de fines del siglo XIX.
Estiman sin embargo ineluctable la desaparición de cierta cantidad de idiomas y consideran que los documentos que dejaron aquellos religiosos podrían convertirse en breve en los únicos vestigios de lenguas muertas.
La aceleración de la degradación económica del país a partir de los años 1980, las dos guerras que lo devastaron entre 1996 y 2003, y el estado de subdesarrollo crónico a escala nacional, contribuyen igualmente a la desaparición de las lenguas menos practicadas.
"Cuando había viajes en barco, yo regresaba a mi pueblo, donde con gente de mi generación hablábamos kilokele", recuerda Tongohala. Era hace más de un cuarto de siglo.


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