Muros nuevos en Bagdad

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WASHINGTON, Malcolm Lagauche. - Los ciudadanos estadounidenses, en su mayoría, están dispuestos a tragarse cualquier cosa que sus autoridades les cuenten sobre la seguridad. Basta con mencionar la palabra “seguridad” y el político de turno consigue patente de corso, a un coste de miles de millones de dólares, para elaborar algún plan ridículo que “mejore la seguridad del pueblo estadounidense”. Y muy pocos ponen alguna objeción o muestran la falta de lógica de ese tipo de ardides.

Muros nuevos en Bagdad
Pero el político que se presente como candidato y deje fuera el tema de la seguridad verá cómo su contrincante le gana siempre. Una de las frases comunes utilizadas por los políticos para poder ganar votos es acusar a su oponente de ser “débil en cuestiones de seguridad”. Inmediatamente, se condenaría al ostracismo a la persona etiquetada con ese título idiota, añadiéndole otra etiqueta más: la de “antiamericano”.Por otra parte, la mayoría de los ciudadanos estadounidenses se enorgullecen de sí mismos pensando que EEUU es una sociedad abierta, mucho más que otras naciones del mundo. Sin embargo, cada día, mientras se les llena la boca hablando de tales libertades, en las salas del Congreso o de la Casa Blanca se pisotean sus derechos.
Vamos a considerar uno de los aspectos de las nuevas medidas de seguridad para EEUU: el muro fronterizo entre EEUU y Méjico. Hasta ahora, se han gastado ya en ese desastre miles de millones de dólares. Antes de que empezaran a construirlo, el presupuesto previsto para la construcción del muro era de alrededor de mil o dos mil millones de dólares. Nadie había comprobado la realidad. Ahora se nos anticipa que el proyecto, si es que llega a completarse, costará unos 50.000 millones de dólares extras.
Durante décadas, a la ciudadanía estadounidense se le estuvo contando que las vallas y los muros eran algo despreciable en cualquier lugar del mundo, criticando a la Unión Soviética por la presencia del Muro de Berlín. Todos y cada uno de los estadounidenses iban creciendo con la imagen de que los muros eran algo terrible que servían para encerrar a la gente, no para protegerla contra quienes intentaban entrar desde el exterior.
Pero, mira por dónde, parece que actualmente se han puesto de moda muros y vallas. A diario, Israel desgarra la vida de los palestinos de Cisjordania con los nuevos muros que erige. Gaza está siendo también “amurallada”. Pero EEUU anuncia esto como el astuto método al que Israel se acoge para protegerse, a pesar de tantos y tantos observadores que definen Gaza como una inmensa prisión.
Un antiguo actor de segunda o tercera categoría al que elegimos como presidente de EEUU exclamó una vez: “Sr. Gorbachov, derribe este muro” cuando se encontraba frente al Muro de Berlín. Ya no hay Muro de Berlín, pero el mismo gobierno que dio esa orden a Gorbachov está cooperando en la construcción de muros para separar a los pueblos o, como mucho, no dice esta boca es mía frente a los que levantan muros.
En el año 2007 se amurallaron varias zonas de Bagdad erigiendo diversos puestos de control. Para añadir un poquito más de sal a las heridas, el cemento que se utilizó para hacer el hormigón de esos muros se compraba en Israel. Lo único que se consiguió con ellos fue acelerar la limpieza étnica de los sunníes de Bagdad.
Ahora, los colaboracionistas iraquíes que dirigen el cotarro allí quieren superar el plan estadounidense que levantó diversos muros dentro de Iraq. Quieren construir un muro alrededor de toda la ciudad, nada más y nada menos.
Según un reciente informe del Financial Channel:
    Las autoridades iraquíes han comenzado a construir un muro de seguridad alrededor de la capital, Bagdad, según informó la cadena de televisión de ese país Al Iraqiya, citando a un portavoz de seguridad de Bagdad.
    Está previsto que el muro de hormigón, con ocho puntos de control, se complete a mediados de 2011.
    A lo largo de 2006-2007, se dividió Bagdad en varios distritos que estaban separados por numerosos controles y muros de hormigón en un intento de mejorar la seguridad. Lo que consiguieron fue causar numerosos atascos de tráfico en la ciudad, pero fueron incapaces de impedir los numerosos ataques terroristas contra los distritos más fuertemente custodiados de la capital iraquí, incluyendo las zonas de Embajadas.
¿Quién habría podido imaginar Bagdad, antes de marzo de 2003, con un muro rodeándola por doquier? A pesar de que la ciudad había estado sometida a un letal embargo, seguía siendo aún la capital del mundo árabe. Actualmente aparece repleta de edificios arrasados, anegada por lagos de aguas residuales. Los títeres iraquíes dicen que quieren proteger Bagdad de los “terroristas” cuando, en realidad, la mayoría de ellos no son tales terroristas sino combatientes de la resistencia. Lo ilógico de la situación es un desafío para la imaginación de uno.
Sin embargo, desaparecidas están de ese escenario las voces de las gentes que utilizaban el Muro de Berlín como chivo expiatorio del totalitarismo. O bien están mudas o bien se han puesto a apoyar un muro que atenace Bagdad. Al fin y al cabo, seguro que algunos contratistas de Occidente conseguirán llevarse una parte del dinero que se asigne a tal tarea. Bagdad dispone de pocas horas de electricidad y apenas de agua potable, pero parece que erigir un nuevo e un inmenso muro de hormigón rodeando la ciudad es más importante que el agua y la electricidad para sus habitantes.
Hubo una época en que los pueblos de la Tierra vivían sin muros. Después, la humanidad empezó a emprender guerras los unos contra los otros y así las comunidades fueron construyendo muros para protegerse de los extraños, que tenían que trepar por ellos para poder entrar en las zonas protegidas. Muchos de esos soldados atacantes morían al intentar escalar esos muros.
Después, los cerebros de los militares de la época comprendieron que si podían propulsar objetos por encima de los muros, la gente que estaba dentro quedaría indefensa y no podrían parar los proyectiles. Y así los muros fueron haciéndose cada vez más altos y cada vez era más difícil acercarse a las áreas de los alrededores, por eso los proyectiles no eran lo suficientemente potentes como para causar estragos. Pero, los instrumentos que se utilizaban para disparar los proyectiles fueron haciéndose cada vez más fuertes y, dentro de los muros, la gente fue perdiendo la sensación de seguridad. Y así estuvo ocurriendo durante milenios.
¿En qué se convertirá el muro de Bagdad: en un elemento de protección para sus ciudadanos o en un proyecto inútil y carísimo que esclavizará al pueblo de Bagdad?
Pero hay una cosa de la que estoy seguro: de que todavía estoy esperando que aparezca alguien de la administración estadounidense diciendo: “Sr. Maliki, ¡derribe ese muro!”


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