El narcotráfico y la regulación de la situación en Afganistán


La sexta conferencia internacional sobre Afganistán que concluyó el pasado 28 de enero en Londres desestimó el problema del opio producido en este país, igual que en las cinco conferencias anteriores celebradas en los últimos ocho años.



El narcotráfico y la regulación de la situación en Afganistán
Andrei Fediashin, RIA Novosti.-

Los principales temas de la agenda fueron el fortalecimiento de la seguridad en el país, la transferencia del poder al gobierno afgano y la reintegración social de los combatientes de la guerrilla Talibán dispuestos a renunciar a la violencia y al terrorismo y respetar el marco constitucional afgano.


Sin embargo, es imposible discutir la problemática afgana sin plantear las cuestiones relacionadas con la heroína, igual que es difícil discutir la reconciliación en Colombia sin mencionar el tráfico de cocaína que constituye la principal fuente de ingresos de todas las agrupaciones rebeldes colombianas desde hace mucho tiempo.


Tanto Estados Unidos  como Inglaterra evitan discutir el tema de narcotráfico en las conferencias internacionales sobre Afganistán y les molesta cuando Rusia insiste en la necesidad de emprender importantes campañas antidrogas en Afganistán y en las regiones adyacentes.


Los narcóticos provenientes de Afganistán pasaron a ser una amenaza estratégica para Rusia, porque las fronteras entre Afganistán y las ex repúblicas soviéticas de Asia Central, que también tienen fronteras comunes con Rusia, de hecho son transparentes.


De un lado, la postura de países occidentales se puede comprender, ya que la lucha contra el narcotráfico debe ser prudente y requiere una perfecta organización, y es indudable que esto se puede conseguir  cuando  se hace poco ruido y publicidad.


De otra parte, hay otros motivos sobre el poco entusiasmo de las autoridades estadounidense y británicas para hablar sobre el problema de drogas en Afganistán.


Entre ellos, los exiguos resultados alcanzados en la lucha contra las drogas desde que las tropas de la coalición internacional entraron en Afganistán hace ocho años.


En este sentido, esos logros tiene un aspecto muy extraño: a veces da la impresión que se ha dado un paso hacia delante, después, dos pasos hacia atrás, e incluso, que se han dado pasos hacia un lado.


Según expertos en drogas, incluidos los especializados en Afganistán, es imposible alcanzar la reconciliación y reintegración en Afganistán, exclusivamente con la existencia de un gobierno afgano ideal y conformado por funcionarios impecablemente honestos.


La situación se agravó hasta tal punto que los narcóticos pasaron a ser parte inalienable de Afganistán, algo así como una enfermedad grave que ya no puede curarse con terapia tradicional.


Para entender mejor el problema del narcotráfico en Afganistán, hay que dividirlo en varios elementos: el cultivo de la adormidera (materia prima), la recolección del opio (fase inicial) y la elaboración de heroína (producto final).


Con los actuales márgenes de error de entre el 10%  y el 20%, cualquier estimación estadística sobre el narcotráfico afgano es inexacta, y en consecuencia, es imposible medir exactamente el área sembrada con adormidera o el volumen de fabricación de opio o heroína en Afganistán.


Y ya que la última conferencia sobre Afganistán fue celebrada en Londres, sería oportuno analizar este problema investigando la situación del narcotráfico en el sector de responsabilidad británica (provincia de Helmand, al sur de Afganistán).


Según el departamento de control sobre las drogas y delincuencia de la ONU, que suele recoger datos en primavera, en 2009, las plantaciones de adormidera en la provincia de Helmand se redujeron un 33%, hasta 70.000 hectáreas, una cifra considerable si se tiene en cuenta que los cultivos de adormidera se redujeron un 22 % en todo el país el año pasado.


Los datos citados podrían suponer un avance en la lucha contra la producción de estupefacientes, pero las tecnologías de producción de heroína también avanzaron. Según el departamento de la ONU, el rendimiento de las plantaciones de adormidera aumentó a partir de 2006, cuando las tropas británicas fueron emplazadas en Helmand.


Y aunque los cultivos de amapola se redujeron un 22% en Afganistán, la producción de opio como mucho bajó apenas un 10%. Según expertos británicos, los campesinos afganos lograron elevar el rendimiento de sus plantaciones a  unos 56 kilogramos de opio por hectárea, o sea, un 15% más que hace un año.


Los barones del narcotráfico tienen dinero suficiente para implantar nuevas tecnologías de cultivo de amapola y aumentar anualmente su producción. Según los datos de la ONU, anualmente en Afganistán se producen narcóticos por importe total de 3,6 a 4,2 mil millones de dólares.


Actualmente, los cabecillas del movimiento Talibán se compenetraron con el negocio de las drogas, reproduciendo la situación de Colombia. Al principio, los guerrilleros colombianos protegían a los "camellos"; después, a los fabricantes y, al fin y al cabo, pasaron a controlar todo el negocio de la droga. Fue algo lógico ya que se puede obtener mayores ingresos obviando intermediarios.


El ejemplo de Colombia muestra que la actividad del narcotráfico  erosiona, distorsiona y aniquila la plataforma ideológica de cualquier movimiento, dirigido contra un gobierno, contra una ocupación, etc., dejando únicamente un cascarón de consignas vacías.


Lo mismo ocurrió en Afganistán. Según fuentes británicas, la mayoría de los prisioneros talibán confiesan que la venta de drogas constituye su principal fuente de ingresos que les permite adquirir alimentos, combustible y armas.


Los ingleses estiman que la venta de estupefacientes supone para los Talibán ingresos anuales por un monto superior a los 100 millones de dólares. Parte de este dinero se destina para cubrir las necesidades del movimiento y otra, para financiar las operaciones de Al Qaeda.


Hay que reconocer que el precio de la base de opio bajó hasta 48 dólares por kilogramo. Pero incluso esta cifra evidencia el fracaso de la política antidroga de EEUU y el Reino Unido en Afganistán, porque las actuales autoridades en Kabul sencillamente no pueden influir de una forma determinante en el narcotráfico.


Lo que ocurre es que la guerrilla  Talibán en los últimos años acumuló unas 10.000 toneladas de opio mientras que el consumo global es de apenas unas 5.000 toneladas anuales.


 Esto significa que los precios y las plantaciones afganas se reducirán, pero después volverán a crecer, de acuerdo a las reglas que rigen la economía de mercado.


Sábado, 6 de Febrero 2010
RIA Novosti, Rusia
           


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