De Subsecretario de la Dictadura a Presidente del Senado ( 2 de 2 )


En una ceremonia tan gris y sombría como el resultado que de ella emanó, por 19 votos contra 15, y en virtud de un acuerdo entre la derecha y los descolgados de la Concertación, el senador Jovino Novoa, ex-Presidente de la UDI y ex Subsecretario General de Gobierno de la dictadura entre los años 1979 y 1982, fue elegido Presidente del Senado, cargo que en el escalafón constitucional, ocupa el tercer lugar en la línea sucesoria del Presidente de la República.



De Subsecretario de la Dictadura a Presidente del Senado ( 2 de 2 )

Más que responsabilidad política

En el caso del asesinato de Tucapel Jiménez, la responsabilidad de Novoa es algo más que política y moral. Está probado en autos que el espionaje previo de que fue objeto, condición necesaria para el asesinato, fue decidido en la Secretaría Nacional de los Gremios, organismo que funcionaba bajo la directa dependencia del Ministerio Secretaría General de Gobierno, del que Novoa era Subsecretario.

Esto es lo que dice al respecto, la sentencia del Ministro Sergio Muñoz, ya ejecutoriada: “II.- Ejercicio del Poder y mantención bajo control de las actividades del país, entre ellas las políticas, gremiales y sindicales. Las funciones de los órganos de inteligencia.

Se decretó uno o más estados de excepción constitucional en todo el territorio nacional, mediante distintos decretos leyes, reglamentándoselos en el Decreto Ley Nº640; en este mismo sentido se crearon diversos servicios dentro de la Administración Central con el objeto de poder coordinar en mejor forma el ejercicio del poder, entre ellos el destinado a regular la actividad gremial y sindical, como era la Secretaría Nacional de los Gremios, uno de los departamentos de la Dirección de Organizaciones Civiles, dependiente del Ministerio Secretaría General de Gobierno. Dicha repartición tenía entre sus funciones formar dirigentes sindicales que representaran las ideas del gobierno, como, además, tenía vinculaciones con diferentes instituciones o grupos que sustentaban posiciones proclives al régimen, de los cuales formaban parte algunos de sus funcionarios, entre ellos, el Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista (MRNS), quienes se encontraban jerárquicamente organizados, vistiendo tenidas especiales e insignias al  momento de reunirse, y practicaban ejercicios paramilitares con armas y explosivos. Por estas vinculaciones se entregaban antecedentes a agentes de la Central Nacional de Informaciones”.

Agente de la impunidad

En el caso de Novoa, no sólo se le puede enrostrar silencio y ausencia de contrición. Como componente del ala más dura y recalcitrante del pinochetismo, es vocero habitual de las maniobras que pretenden consagrar la impunidad.

Por ejemplo, cuando se dio a conocer el Informe Valech, en noviembre de 2004, reconoció que, a lo más, a la UDI sólo le cupo una responsabilidad “por omisión”, la que por lo demás habría tenido “toda la sociedad chilena”; dijo que el ingreso del gremialismo al gobierno contribuyó a “mejorar la situación de derechos humanos” y que "nadie cree en Chile que los militares se transformaron en torturadores de un día para otro" y por último, descartó la posibilidad de llevar a la justicia a los torturadores identificados por sus víctimas, pues "no sería bueno para el país, por muy dolorosos que sean los hechos, pasar por sobre ciertas normas jurídicas que tradicionalmente han sido respetadas en Chile, como la prescripción del delito”.  

En junio de 2007, Novoa junto a otros 19 senadores, entre los que también estaban Adolfo Zaldívar y Fernando Flores, rechazaron “por inconstitucionalidad” un proyecto de ley que prohibía la aplicación del decreto de amnistía de Pinochet a autores de crímenes de lesa humanidad.

Ese mismo mes, la Presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Lorena Pizarro, denunció que el Ejército protegía al entonces prófugo Raúl Iturriaga Neumann, condenado por el asesinato del General Carlos Prats y procesado por su participación en numerosas desapariciones relacionadas con la Operación Colombo, y criticó las declaraciones de apoyo de los parlamentario de la UDI, Jovino Novoa y jorge Ulloa. "Con sus dichos, ambos han quedado moralmente cuestionados para seguir siendo parte del Poder Legislativo", sostuvo Pizarro, que además exigió un pronunciamiento de los comités de ética de ambas cámaras.

El 23 de junio de 2003, siendo Vicepresidente de su partido, Jovino Novoa sorprendió a tirios y troyanos con su declaración a favor de la investigación de las remociones ilegales de cuerpos de detenidos desaparecidos, entre 1978 y 1990. Sólo que al día siguiente mostraría el resto de su juego. Argumentó que dadas las fechas en que ocurrieron los hechos,”lo más probable es que los hechos estén prescritos”, razón por la cual, agregó, “estamos dispuestos a buscar fórmulas para que hechos que, a lo mejor, por la vía judicial o justicia penal no se puedan esclarecer, como puede ser el caso de las remociones, se esclarezcan por otros mecanismos”, cuestión que fue calificada por Lorena Pizarro como un nuevo ardid para garantizar la impunidad.

Por cierto, una vez conocido el resultado de la votación en el Senado, desaprovechó una oportunidad histórica para el reconocimiento de responsabilidades y el compromiso con el nunca más. Prefirió asilarse en la comodidad del llamado a la “unidad”, en la invocación al “respeto por la diversidad” y en el rechazo  de “una falsa superioridad moral, imputando a las opiniones de los demás mala intención o la defensa de intereses oscuros”.

Ganar perdiendo

Otro argumento utilizado por Novoa para enfrentar la andanada de críticas apunta a que es un senador elegido por votación popular: “mi legitimidad viene de los votos y no tengo que dar explicaciones", espetó con arrogancia.

Interesante punto, que deja la pelota botando en el área chica de la institucionalidad política, que desde su cargo en la Subsecretaría General de Gobierno, contribuyó a construir.

Interesante, porque en la elección por la circunscripción senatorial de Santiago Poniente, Novoa, con 258.539 votos y un 20,75%, fue derrotado por el candidato de la Concertación, Andrés Zaldívar, con 286.917 votos y un 23,02%, o sea por la respetable suma de 22.378 votos. Sin embargo, en virtud de la insólita matemática electoral de la institucionalidad pinochetista, según la cual se puede ganar perdiendo a condición que se pertenezca a la derecha, hoy ocupa el escaño que le permite, por cuenta de otra negociación espuria, acceder al tercer cargo en orden de precedencia, de esa misma institucionalidad. En suma, un chiste.

Esto es así porque la lista de la Concertación, integrada por Guido Girardi (439.903 votos y 35,30%) y Andrés Zaldívar, no consiguió doblar a la lista de la derecha, integrada por Novoa y Roberto Fantuzzi (174.967 votos y 14,04%), aunque estuvo cerca: 58,32% versus 34,79%. Si hubiera operado pacto electoral instrumental con el Juntos Podemos, y ese 7% se hubiese inclinado por la Concertación, hoy Novoa no estaría jactándose de haber ganado por voto popular. Y en un escenario como ese, con una nueva mayoría contra la exclusión, tampoco hubiese sido posible el pacto que hoy tiene a Novoa en la Presidencia del Senado, con los votos de Adolfo Zaldívar y Fernando Flores, quienes fueron elegidos por su electorado, expresamente contra la derecha.

Institucionalidad pinochetista

Desde ese punto de vista, el período en que Jovino Novoa se desempeño como Subsecretario General de Gobierno, 1979 a 1982, no sólo no es inocente sino está inextricablemente relacionado con este desenlace anunciado. 

En dicho período, por ejemplo, se perpetró el fraude plebiscitario que instituyó la institucionalidad pinochetista, en agosto de 1980. Un plebiscito sin registro electoral, sin tribunal calificador de elecciones, sin información de lo que estaba en juego, con partidos políticos proscritos, con una abrumadora propaganda desde el aparato del Estado y los serviles medios de comunicación, en medio de un clima de terrorismo de Estado, violencia parapolicial y amedrentamiento colectivo. Como Subsecretario General de Gobierno, la responsabilidad de Novoa en la organización y perpetración de este fraude colosal, es ineludible.  

Después de esa decisiva coyuntura, la máquina gremialista de la que Novoa formaba parte, se dio a la tarea de refundar el país en función del paradigma neoliberal. De esa guisa, su colega de gabinete, el inefable José Piñera Echenique, hermano del hoy abanderado de la derecha, tuvo el dudoso honor de anotarse la “tripleta” por la que deberá rendir cuentas ante la historia.

Primero, con el Código Laboral, que arrebató todos aquellos derechos laborales que Pinochet en persona se había comprometido en respetar; luego, con el Código de Minería, y su insólita “concesión plena”, que en los hechos desnacionalizó la Gran Minería del cobre, en virtud de la cual las transnacionales ya controlan el 75% de la producción del país, para rematar, en agosto de 1981, con el DL 3.500, que en la práctica privatizó y expropió los fondos provisionales de los chilenos, los mismos que producto de la crisis, han perdido un 30% de su valor. Desde su cargo en la Secretaría General de Gobierno, Novoa tuvo un papel decisivo en la articulación política de estas “modernizaciones”.

Piñera, Novoa y Cía. Ltda.

Desde ese punto de vista, no tiene nada de sorprendente que un funcionario de la dictadura derrotado en las urnas, se encarame hasta la testera del Senado, en hombros de una componenda que no hace sino retratar la catadura  moral de la clase política prohijada por el binominalismo, justo en la recta final de la  competencia que tiene a la derecha con los ojos blancos y los dientes largos, a pesar de que su abanderado, el acaudalado empresario que ambiciona con convertirse en Gerente de la República, nunca ha sido santo de la devoción de socios de la UDI, y de Novoa en particular. Una parte no menor de la inquina de este último, obedece al público apoyo que Piñera le otorgó a la diputada Pía Guzmán, cuando esta reveló que Novoa era asiduo participante en las bacanales de Claudio Spiniak. La UDI ha cometido muchos errores en relación con la diputada Pía Guzmán", dijo Piñera el 16 de octubre de 2004. "Pía Guzmán no ha mentido", afirmó el 22 del mismo mes. Por esos días, criticó, a Pablo Longueira, de quien dijo que había "sobrerreaccionado", sin perjuicio de declarar que "la UDI actuó con la cabeza caliente".

Por entonces, en la UDI abrigaban la sospecha de la UDI de que Piñera estaría detrás de la denuncia de Guzmán. "No le creemos", dijo el 1 de noviembre Novoa, ante las explicaciones de Piñera en el sentido de que no supo con anterioridad las declaraciones que haría la diputada. La crisis política de la derecha a propósito del caso Spiniak concluyó con la salida de Piñera y Longueira de la presidencia de ambos partidos, cuando Joaquín Lavín concluyó que esa disputa estaba vulnerando su opción presidencial, la misma a la que posteriormente Piñera le dio el tiro de gracia.

Dados estos antecedentes, por lo demás profusamente conocidos en su oportunidad, el hecho que hoy Piñera aparezca diciendo que para Novoa "el privilegio y honor de presidir el Senado es un justo desagravio por las injuriosas acusaciones que recibió en el caso Spiniak", no sólo constituye una nueva demostración de su comportamiento proverbialmente errático y zigzagueante, sino una evidencia del peligro que entrañaría para el país la llegada a la primera magistratura de semejante mitómano”.


Jueves, 26 de Marzo 2009
El Siglo, Chile
           


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