Un viaje al infierno del crack en Jacarezinho, una favela de Rio de Janeiro


RIO DE JANEIRO. - Petardos y disparos esporádicos resuenan a la llegada de un equipo municipal de lucha contra el crack a Jacarezinho, una favela de Rio de Janeiro donde ese derivado barato de la cocaína hace estragos.



Un equipo municipal de lucha contra el crack actúa en Jacarezinho, Rio de Janeiro, Brasil.
Un equipo municipal de lucha contra el crack actúa en Jacarezinho, Rio de Janeiro, Brasil.
Brasil es hoy el primer mercado mundial de crack, con un millón de consumidores, según un reciente estudio de la Universidad federal de Sao Paulo.
Refugiados bajo un puente, un grupo de drogadictos huye tras lanzar piedras contra el equipo de psicólogos y asistentes sociales que se aproxima, escoltado por policías que avanzan apuntando sus fusiles.
Del otro lado de la calle, dos miembros del equipo despiertan a un chiquillo de unos 10 años que duerme en la acera, y lo llevan a la fuerza a un minibus que lo conducirá más tarde a un albergue municipal.
"¡Dejadme, me hacéis daño!", grita el niño mientras lucha por liberarse.
En el vehículo le sirven enseguida bebida y comida.
"Cuando se despiertan, tienen abstinencia y muchas veces son agresivos. Hay que darles agua, alimentos con azúcar y con sal para ayudar a equilibrarlos", explica a la AFP Claudio Reis, el psicólogo que dirige el equipo.
"Esto no sirve de nada. Toman un café, un baño y vuelven" a la calle, dice un vecino que asiste a la escena en este nauseabundo barrio inundado de basura.
-- Lejos de la idílica imagen del Pan de Azúcar --
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El barrio no tiene nada que ver con la idílica imagen del Pan de Azúcar que los turistas asocian con Rio de Janeiro, aunque está a menos de 10 km.
La caravana de vehículos de la alcaldía y la policía salió a las siete de la mañana, y en menos de una hora recogió a 51 personas, entre ellos a cinco menores.
Las barracas montadas en calles y veredas fueron destruidas, y las pertenencias lanzadas a un camión de la basura.
En una de estas improvisadas instalaciones donde vivía una pareja de adolescentes que huyó con la llegada de la policía, fue encontrada una pistola negra de juguete, pero también una muñeca y un peluche.
Sentada en uno de los autobuses de la alcaldía, Maria Rosalia, de 41 años, sin zapatos y con los ojos enrojecidos, vestida de pantalón corto y una camiseta sucia al revés, confiesa: "Sólo con el crack me siento bien... Es por culpa de mi marido. Me apuñaló, me fui y me encontré en la calle, donde comencé a fumar crack".
"Espero volver a ver a mis hijos un día", añade esta madre de cinco niños.
Mientras ve pasar los minibuses, una vecina exclama: "Miren esto, ¡los pasean como si fueran turistas! Deberían ponerlos en una isla y obligarlos a trabajar".
La vecina, que se identifica sólo como Maria, de 61 años, añade que hace tres meses, bajo el puente por donde pasa el canal contaminado de la favela, "vivían unos 30 drogadictos, mantenían relaciones sexuales a la vista y en pleno día, y muchas veces eran violentos".
"Con estas acciones de la alcaldía se fueron, pero migraron a otra favela cercana", afirma.
-- Nuestra única arma es la palabra --
"A barrios como éste sólo podemos llegar con la policía, pero nuestra única arma es la palabra para convencerlos de que vayan a los albergues", declara Reis, que explica que los adultos tienen derecho a negarse a ser llevados a un centro, aunque no los menores.
En esos refugios, "los interrogamos para evaluar su grado de dependencia y el tratamiento que recibirán", precisa el psicólogo.
El gobierno brasileño lanzó en diciembre un plan de 2.200 millones de dólares contra "la epidemia del crack" en el país. La mejora de las condiciones sociales y el bajo precio de la cocaína y sus derivados -que cuestan al menos cinco veces menos que en Europa o Estados Unidos- explica su progresión.
Para Reis "es duro escuchar que estas operaciones no sirven para nada". "Trabajamos siete días sobre siete. De los 30 drogadictos que había bajo el puente, cinco han permanecido en el albergue y tienen una actividad como carpintería o informática". El resto regresó a las calles.
Jueves, 13 de Septiembre 2012
AFP (Agencia France-Presse)
           


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